El silencio te habla.


      


Existe el silencio intenso. Escuchar el mar o el agua de un río en la penumbra. Contemplar el paisaje infinito desde la cima. Pasear y percibir el sonido de tus pasos. Volar en globo. Nadar lejos de la orilla. Bucear en tu interior. Notar cómo la brisa juega con tus cabellos.

Existe el silencio inesperado. El de la respuesta que no llega. La indiferencia frente a la emoción. El mail que calla. La sonrisa oculta. La persona anónima. El te quiero que nadie pronuncia. Las gracias que nadie te da. La entrevista o el examen que tarda en decidirse. La sensación de soledad en la habitación de un hotel. El avión que no sale. El tren que se marcha.

Existe el silencio de las palabras ocultas. Porque no es el momento, porque te da miedo, porque no es adecuado o porque la reflexión ha dominado tu impulso.

Existe el silencio de las miradas intensas y  los ojos brillantes. El que te dice más cosas de las que puedas imaginar. El que se convierte en un océano inmenso, azul e infinito. El que abre las puertas de tu intimidad y te recuerda su nombre una y otra vez.

Existe el silencio impuesto, el que mata la la creatividad, apaga la luz, vulnera los derechos, rompe la dignidad, agota a la paciencia  y derrite la solidaridad.

Existe el silencio de una habitación a media luz, mientras suena una canción delicada, sensible y sutil, mientras abres tus manos en forma de alas y crees que el cielo ha decidido pasar un rato contigo.

Existe el silencio de la privación de libertad, de la vida encerrada entre oscuras paredes, el escenario repetido hasta la saciedad, el cuerpo a la defensiva y el alma escondida entre una colección de recuerdos.

Existe el silencio del abuso, de la fuerza bruta, de imponer, someter y vulnerar, de la falta de respeto, de la dignidad rota a pedazos, del vacío y del crimen, de la intimidad perdida y el intento de olvido permanente.

Existe el silencio de la estrella escondida entre tus pósters, el arco iris surfeando entre tus discos, el cometa que se viste entre la ropa, la estrella fugaz que pinta de rojo tu corazón, la nube que decide marcharse para que entre el sol, la luna que te invita a volar.

Existe el silencio de los besos en la intimidad. Las caricias sin frase. Los gestos sin discurso. Los susurros en la oreja. El amor de la ternura. Los gemidos del cuerpo bailando en la oscuridad. El guión que marcan los puntos suspensivos y las figuras sutiles volando bajo un edredón.

Existe el silencio que estalla para convocar a los volcanes, el fuego, la pasión, los gritos, los mordiscos y el amor infinito.

Existe el silencio de la conversación contigo mismo/a. El que te invita a reflexionar, a motivarte, a pensar "si puedo" bajo el agua de la ducha, a decir "vamos, vamos" frente al espejo del baño.







Siempre he amado el desierto. Uno se sienta en una duna de arena del desierto, no ve nada, no oye nada. Sin embargo, a través del silencio algo palpita, y brilla. (Antoine de Saint-Exupéry)

Comentario enviado por Laura Bofill.



"A veces es necesario guardar silencio para ser escuchado."

"Cada persona es dueña de su silencio y esclava de su palabra."


"Te sientas a escribir o a leer en una terraza vacía. Escuchas el tintineo de los cubitos de hielo en tu copa. Sientes las hojas de los árboles en la espesura del bosque. Miras a la ciudad desde ese lugar donde el ruido parece escondido." (David Maine).





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