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by carlos pueyo

miércoles, 21 de febrero de 2018

Xavier Sáez Casabó: la secuencia pendiente.



"Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta." (Orson Welles).



Hace ya algunos años que un profesor de Blanquerna Comunicació me regalaba algo muy preciado: conversaciones sobre cine. Tenía el don de de-construir cualquier película, extrayendo brillantes conclusiones sobre el guión, la producción, la realización o la dirección de fotografía.


Llevaba siempre en las manos una buena cantidad de vídeos y unos cuantos libros, de tal manera que el armario de la sala de profesores se le quedaba pequeño.


Con su característica barba y su casi inseparable pipa, Xavier llevaba su pasión a las aulas y disfrutaba como nadie de las asignaturas de Teoría e Historia del Cine y Crítica de Cine.


Me gustaba abordarlo de vez en cuando para pedirle su opinión sobre diversos filmes y él aprovechaba para interesarse por publicitarios implicados.


Cercano, cordial, intenso, amable, ingenioso y divertido, me regaló muchos momentos especiales antes de ir a clase y pudimos intercambiar material interesante en varias ocasiones.


Tenía en mi agenda comentarle cosas sobre Dunkerke , Los archivos del Pentágono, Tres anuncios en las afueras, la gala de los Goya, Déjame salir o Baby Driver.


Me hubiera encantado repetir esas reuniones corales con Carles Bría, Judit Colell, Esteve Miralles, Carme Basté o Joan Tharrats.


Nunca le dije que lo admiraba, que se le iluminaban los ojos cuando hablaba de cine, que su ilusión era contagiosa, que era una gran persona y un gran profesor.


Nunca le dije que las personas como él inspiraban a los demás.


Nunca le dije el número de películas que había visto gracias a sus consejos.


Tal vez porque los seres humanos damos demasiadas cosas por supuestas.




El 15 de febrero te fuiste para siempre, no es un final feliz para nuestras conversaciones. Te agradezco mucho que hayas mantenido viva la llama del séptimo arte, lo mucho que he podido aprender de ti y esa sonrisa cómplice que iluminaba las tardes de la Facultad.



En el Paseo de la Fama de mi corazón, están tus huellas.









lunes, 12 de febrero de 2018

Saber estar.







Estás en la monotonía, en la rutina, en el aburrimiento y en la melancolía.

Estás en la fiesta, en la pasión, en la explosión y en los sabores.

Estás en el esfuerzo, en la constancia, en los objetivos y en las metas.

Estás en el instante, en el momento, en el segundo y cuando toca.

Estás en el frío y en el calor, en la brisa y en la tempestad.

Estás en el rosa y en el amarillo, en el gris apagado y en el rojo intenso.

Estás aunque no estés, porque lo dejas todo para estar.

Estás cuando te llamo, estás cuando lo intuyes, estás on line y on fire.

Estás en la conversación y en el silencio, estás cuando sobran las palabras y cuando las palabras son mágicas.

Estás sin excusas, sin circunstancias, sin disculpas, sin decir debería haber estado.

Estás en el descanso y en la velocidad, en la calma y en la intensidad.

Estás con tu pincel brillante.

Estás con tus ojos de sinceridad.

Estás con tu piel sensible.

Estás con tu conversación pausada.

Estás con tu mejor perfil.

Estás con tu mirada cercana.

Estás con tus palabras curativas.



Canción dedicada muy especialmente a las personas que me cuidan, presencialmente, vía móvil, mail,  whats o mensaje. Gracias por ser. Gracias por estar.



(Richard Wakefield).