Vivir sin distancias cortas.



Laia Costa, Isabel Coixet y Guillermo Pfening en "Foodie Love"



NO podemos negar que el coronavirus ha causado muertes, pérdidas de trabajo, crisis económica, Ertes, inseguridad, menos libertad para circular entre países, ansiedad, stress, miedo, incertidumbre.

Ha puesto en evidencia la mala gestión de las residencias, la precariedad con la que trabaja nuestro personal sanitario.

Ha condicionado la libertad individual, para evitar contagios. Ha socavado el mundo cultural y muchos negocios de proximidad. Ha maniatado a los deportes de equipo. Ha aniquilado el ocio nocturno. Ha impactado de forma rotunda en la importación-exportación.

La actividad publicitaria ha quedado en stand by, muchas campañas se han pospuesto hasta 2022 y muchos eventos, bodas, congresos, inauguraciones, competiciones, fiestas, networkings o festivales se han anulado.

De esta mala experiencia también hemos aprendido algunas cosas: convivir, conversar, compartir y pensar más de lo que hacíamos habitualmente.

Hemos re-descubierto el mundo on line, hemos valorado más lo que tenemos, hemos actuado más en plural, hemos llegado a la conclusión, tal vez, de que no necesitamos tantas cosas. Y de que podemos ser más solidarios.

Nuestro planeta, con índices de contaminación altísimos, ha podido tomarse un respiro gracias a la limitación de movimientos.

A mi personalmente me ha afectado mucho vivir sin distancias cortas, sin tocarnos, salvo en el entorno familiar.

En las distancias cortas ves ojos brillantes, expresiones de ilusión, sonrisas, lágrimas, manos que dicen cosas. En las distancias cortas abrazas, acaricias, te das dos besos, te das la mano, te tocas, te ves sin maquillaje, con ropa casual, eres más tú.





En las distancias cortas puedes pasar una noche en Cadaqués como la que se relata en la novela "El regreso de Abba": salir después de cenar sin rumbo fijo a descubrir lo que deparan esas horas hasta la madrugada.

Ver un partido de fútbol emocionante con el campo lleno y después celebrar la victoria, no se puede comparar a verlo por la tele y alegrarte con discreción y responsabilidad.

Asistir a un concierto de gran formato te permite vibrar como nunca. Uno de pequeño formato te "regala" casi tocar a los cantantes.

Mirarlo todo como si te hubieran quitado el botón de vibrar es muy duro.

Cuando compartes en la distancia corta, notas la química, la energía que desprenden las personas, notas su influjo, su inspiración y su magia. Percibes su olor, sus posturas, sus tics y sus gestos característicos. Asimilas los tonos de voz y decodificas las miradas. Te fijas en los detalles. 

No me refiero evidentemente al metro, al bus o a cercanías. 

El mundo de la formación se ha adaptado de forma ejemplar al formato on line, pero las emociones, las sensaciones y las reacciones que se viven en un aula son únicas.

El blog me está salvando en estos momentos, porque escribo sin distancia y sin filtros. Y el feedback que recibo está en la misma línea.





Estamos en la nueva anormalidad, como dicen The Strokes. Tenemos que mantener la distancia de seguridad y en consecuencia somos menos sociales, más reservados y nos enrocamos en nuestra casa para evitar males mayores. Las reuniones de + de 10 personas no son recomendables.

He sido testigo indirecto del 11-S, del 11-M, de la crisis de refugiados, del Sida, del 23-F.

Jugando a fútbol me he roto el codo, he tenido 12 esguinces de tobillo, tres fisuras de costillas, 6 contracturas de cuádriceps, cuatro lesiones en el gemelo, dos dedos de la mano rotos, y nunca nunca se me ha pasado por la cabeza dejar de jugar. Y me encanta.

He sufrido una negligencia médica que me dejó KO durante un año.

He vivido muchas cosas, tengo experiencia y la piel dura. Puedo soportarlo.

Pero me preocupa la generación que tiene entre 20-30 años. Vive en la incertidumbre, en la difícil tesitura de dejar el hogar familiar en un momento laboralmente muy inestable. Inestabilidad en el trabajo, independencia muy complicada, circunstancias poco favorables.

Y esos momentos de diversión, de locura, de pasarlo bien, de salir en grupo, también quedaron limitados para evitar contagios.

Siempre me han gustado las distancias cortas. Si una palabra me define es "cercano". Muchas veces esta cercanía ha sido criticada y, ciertamente, muchas veces no he medido bien la distancia.

Creo que puedes dirigir perfectamente un equipo siendo firme, coherente y decidido, pero dando también las gracias, felicitando, motivando y estimulando. Y celebrando los éxitos, por supuesto.

Las personas mediterráneas somos, en general,  pasionales, divertidas, intensas y curiosas.

Salir con el freno de mano puesto no es la mejor sensación. Moderar tus gestos, tu voz, evitar el tabaco (yo no fumo) , evitar las situaciones de riesgo hacen que esas experiencias en las que se te pone la piel de gallina se queden solo para ti.

Cuando vamos a comprar apretamos "el automático". Mirar por mirar ya no apetece tanto. Ni pasear por pasear ni quedar por quedar.

Somos menos espontáneos/as y seguramente menos intuitivos/as y menos impulsivos/as-

El romanticismo y el positivismo están en mi ADN, no voy a cambiar ahora.

Tenemos que ser responsables : mascarilla, limpieza de manos y distancia de seguridad.

Pero sin las distancias cortas, a mi corazón le falta un trocito.

Ahora, poco a poco, iremos recuperando la vida social, con aforo limitado y reuniones con un máximo de personas. Hemos aprendido algo durante la pandemia o nos seguimos enfadando por un whatsapp o por un comentario anecdótico?. Le damos valor a la amistad y el amor? vivimos pendientes del qué dirán? realmente somos conscientes de que estamos superando algo terrible?

Si después de esta pandemia seguimos siendo superficiales, poco solidarios y no queremos mejorar, tal vez el virus ha acabado con parte de nosotros/as para siempre.







Inolvidable curso del IED "delegación Italiana"con  Miriam Giordano.

Volveremos a estar tan cerca?





FEEDBACK


"Cuánta razón con lo de las distancias cortas, nos ha creado un vacío a todos/as que cuesta mucho reemplazarlo con esta “nueva anormalidad”. Gracias por tus escritos y reflexiones en el blog, ayudan a acortar esas distancias. También estoy tremendamente preocupado por las generaciones que nos preceden, por primera vez en muchas décadas, pinta que nuestros descendientes van a tenerlo mucho peor que nosotros, pero tendrán que aprender a convivir y subsistir con ello, nosotros debemos ayudarles en darles las mejores herramientas, los mejores consejos y todo nuestro apoyo y comprensión"

Rudy Cuadrado.


"Mi piel está triste.
Solo deseo que esto sea algo circunstancial y que en breve podamos seguir abrazando a todo el mundo."

Diana Martínez.


"Coincido en todo Richard. Sin distancias cortas lo veo anormal. Volveremos a poder tener cercanía, simplemente nos están probando, ja ja ja. La esperanza es lo último que se pierde y hay que aprender a disfrutar y valorar con quienes sí podemos estar muy cerca!"

Mariana Satti.







Conferencia en la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid) con Chal Jiménez y Laia Canals, invitados por Belén Flor.

Comentarios

  1. Coincido en todo Richard. Sin distancias cortas lo veo anormal. Volveremos a poder tener cercanía, simplemente nos están probando, ja ja ja. La esperanza es lo último que se pierde y hay que aprender a disfrutar y valorar con quienes sí podemos estar muy cerca!

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  2. Mi piel está triste.
    Solo deseo que esto sea algo circunstancial y que en breve podamos seguir abrazando a todo el mundo.

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