martes, 30 de abril de 2013

La profesión de los contrastes. (remix 2016).








Si trabajas en publicidad, puedes comer el martes en un restaurante muy fashion y el jueves arreglarte con un bocata. Puedes rodar un spot con un gran presupuesto y luego pensar tres cuñas de radio con el precio tirado.

Puedes ir con traje y corbata el viernes y volver el lunes con sudadera, porque sabes que no hay presentaciones. Puedes estar eufórico por la mañana, porque han aprobado una campaña, e indignado por la tarde, porque otra idea no ha gustado nada.

Puedes viajar mañana en business class y otro día tener que conducir 600 kilómetros, volver a casa por la noche y acabar agotado... para no pagar la habitación del hotel. Puedes llevar una cinta métrica para comprobar que tu maleta cabe en ese Ryanair.

Puedes bailar porque toca o con colegas porque te apetece. A lo mejor el lunes tienes ponencia frente a 300 personas y el martes un seminario con 9 estudiantes. Puedes medir mucho tus palabras en un compromiso y nada con tu entorno, mientras estás en ese local tan auténtico.

Puedes aburrir las frases durante la semana y disfrutar de un libro en domingo.  El miércoles estás con celebrities y el jueves con becarios. El viernes tienes workshop creativo por la tarde, pero por la mañana vienen los rusos, más sosos que las piedras de una cantera.

Puedes trabajar en una macro agencia, en una mediana, en un proyecto local con 6 compañeros,  tú contigo mismo o pasarte una temporada en el paro. Tienes clientes muy estructurados o clientes caóticos y surrealistas.




















Algunos te ponen la soga en el cuello, te aprietan y te provocan. Otros comen contigo y te invitan al cumpleaños de sus hijos. Puedes trabajar para marcas mundiales, europeas, nacionales, regionales o muy locales.

Tus compañeros pueden ser hippies, hipsters, rockeros, fashion victims, cool, alternativos o contra culturales. A veces te tratan como si fueras "el más grande" y otras como "uno más del equipo". Acabas deseando no contestar mails ni whathapps, pero llevas dos iphone por si acaso.

Si llegas tarde a la oficina te miran mal, pero si sales a las 2 de la mañana de trabajar, "es lo normal". A veces tienes tu día medido cien por cien y a veces sales a caminar sin rumbo para despejarte.

Adoras la música, pero cuando tu compañero pone Lmfao quemarías su aparato. Y cuando te confiesa que es del Real Madrid, ya ni te cuento.

Puedes tocar de cerca los polvos, las pastillas o el alcohol o declararte deportista como yo, para hacerte adicto al Isostar, el agua y la cerveza sin.

Puedes tener directores que hablan inglés, alemán y francés y directores que dicen "I you don't minded we like you to sing dawn and disfrutar del virality that's feels good, forever".

Tienes compañeros/as que llegan en bici, hacen dieta light, salen a correr y se cuidan y otros que se dan unos atracones tremendos para cuidar su enorme barriga.

Ir a Madrid y volver el mismo día en el Ave ya es una sana costumbre. Rodar en Costa Rica y no tener ni una hora para hacer turismo no es ninguna novedad.

Los cambios de planes son constantes. Reuniones que se anulan, presentaciones que se precipitan, salidas no previstas, materiales que no llegan, grabaciones que se posponen, video conferencias no previstas, visitas inesperadas, comidas de negocios improvisadas, viajes sorpresa, pensamiento nocturno.

No te aburres casi nunca, vives las cosas con mucha intensidad, te pones de los nervios y sabes que es lo que toca.

Es una locura, pero that's it. Entre el lujo y el low cost, entre el riesgo y la monotonía, entre el glamour y lo cutre. Entre lo previsible y lo surrealista. Entre lo planificado y lo improvisado.


"No hay dos días iguales" dijo una vez Toni Segarra en una conferencia. Tenía toda la razón del mundo.









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