Mariona descubre un nuevo planeta (star wars remix).






Mariona, 24 años,  hacía tiempo que se planteaba su futuro: acabar la carrera, ir a estudiar al extranjero, trabajar, conocer a un chico socialmente aceptable y  tener 2-3 hijos. En unos años, comprar un piso y un chalet, un coche y una tele para cada habitación.

El jugará a fútbol y saldrá con los amigotes. Ella se apuntará a un gimnasio y montará alguna cosa con sus babies del alma y con su prima. Más adelante, con la correspondiente e indefinida ayuda económica familiar, iniciará un negocio y se dedicará a vivir bien.

Eso es todo. En cinco líneas se puede explicar todo un proyecto de vida. Era una chica cool educada en la cortesía, el protocolo, las formas, lo que toca y lo que no toca, la clase, la ropa bien combinada y de marca, la mano izquierda, la discreción, el recato, intentar ser encantadora, sonreír con frecuencia. Estaba programada con unos objetivos claros, relacionados con la clase social, alto standing y dinero.

Por eso, Mariona nunca se podía imaginar que aparecería Lucas

Lucas, 28 años,  entró en su vida como un ciclón. Un día, mientras estaba en el bar de Blanquerna con sus amigas pijas, apareció un chico normal que no tenía ningún inconveniente en decir palabras bonitas, explicar las cosas de forma pasional, mirar a los ojos e iniciar una conversación sincera, abierta y auténtica. 

El le daba valor a las cosas pequeñas, a los momentos, a vivir hoy y ahora, a intentar ser mejor, a crecer como persona, a mejorar su formación, a interpretar la experiencias con intensidad y pasión...y nunca, en ningún momento hablaba de dinero...aunque no le iba mal.

Mariona empezó a cuestionarse su universo prefabricado y a descubrir un mundo mucho más cotidiano, divertido, lleno de lugares y rincones a los que nunca había prestado atención. La noche en que la química explotó, se desató una sinfonía de colores y el edredoning inventó una nueva forma de amar, de besar, de acariciar, de gritar y hasta de morder.

Ella lloraba de emoción, le abrazaba con fuerza y repetía su nombre. El la tocaba con la delicadeza de un intérprete de violín y se encendía como se enciende una composición orquestal.

Nada era como ella lo solía hacer, siguiendo unas pautas y unos pasos definidos. Ahora, cada encuentro era una aventura y una película con diferente guión. Siempre tocando el cielo. Un sin fin de situaciones hasta ahora normales se convertían en mágicas, únicas y especiales. Algo tan habitual como escuchar música, tomar una cerveza o ir al cine, era una posibilidad de vibrar, sentir y emocionarse.

El miraba sus ojos azules, su melena corta y rubia, su piel cuidada por las cremas y pensaba que tal vez esa pareja tan extraña podía tener su oportunidad. Ella nació en Londres, en Covent Garden, y él en una calle de Barcelona, en Gracia, un barrio-pueblo con sabor y con tradición.

El se pagó la carrera haciendo de camarero y ahora era creativo publicitario. Y bueno. Era un soñador con los pies en el suelo. Era a veces poeta, a veces un ser muy contundente y directo.

Pero una tarde de noviembre apareció Borja. Ante los ojos incrédulos de Rosa, Paqui y Tere, se acercó a Adriana vestido con polo Lacoste rosa, moreno de Solmania,  pelo engominado y con dos pasajes de avión para las Maldivas.

Era un joven empresario especialista en ron cubano, que había dejado en el parking un VW Touareg de última generación... el resto, os lo podéis imaginar. Presionada por sus padres, hermanos, primos, profesores e incluso por el párroco de su iglesia de sarriá, zona alta, Adriana dejó al chico normal y se dedicó a su conveniente nueva pareja.

Lucas  en el fondo se lo imaginaba. Tenía que pasar tarde o temprano.

Ella, de algún modo descubrió el espacio, las estrellas, los planetas, los asteroides, los cometas y la atmósfera, más allá de su pequeña urna de cristal... nunca más sería la misma persona... pero no estaba dispuesta a renunciar a una vida lujosa y cómoda... así que no hubo final feliz...

Mariona acabó aburrida de su mundo material y al cabo de 4 años pidió el divorcio.

Lucas nunca dejó de intentar ser mejor profesional y persona.

Lo curioso del caso es que, tras 6 años sin verse, coincidirán en la agencia Caperucita Roja, de Madrid, él como Director Creativo y ella como Directora de Cuentas.

Tal vez ya lo tengan superado o tal vez no.

Queda un poco de storytelling por descubrir.


(la historia podría ser perfectamente chico-chica, es decir, protagonizada por un chico pijo que conoce a una chica "normal" )









Foto : Adriana Mora. No es la del post, es mucho mejor :)



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