jueves, 17 de marzo de 2016

Gumer.



Se nos ha sido para siempre un crack que nunca dejó de pensar a lo grande, mirando hacia las estrellas. Un genio en la creación con metal.

Había construido muchas escenografías para La Fura dels Baus, como el Home del Mil·leni, La Bola, Los Gigantes de Metracrilato, un botafumeiro gigante... guapo, simpático y educado.

Lo conocí desde la distancia y se ganó mi admiración. Mi amiga y compañera de Blanquerna Sílvia Sáez sí que pudo tratar profesionalmente con él. 

La persona con la que conecté fue su pareja, Laia. A través de Miquel Pongiluppi, inicié una relación de free lance publicitario con la Fundació Banc dels Aliments. Allí estaba ella, como responsable de comunicación. 

Después de muchos años relacionándome con Directores/as de Mkt o de Comunicación de todos los colores,  pensé desde el primer día que haríamos un gran equipo. Ese año, 2011, lanzamos "Ho donem tot", un cambio de vista, de chip, de percepción, un antes y después en la historia del Banc.

Rodamos cinco spots con Take Ad Way, vivimos de cerca el buen hacer de Xavi Admetlla, Marc Cubells, Joan Rion, un equipo que me volvió a convencer en 2015 con L'anorèxia no és culpa de ningú.

Seguimos juntos dos años más, hasta que Laia lo dejó. Creo que realmente lo dimos todo. Y funcionó. Batimos todos los récords de recogida de alimentos.

Conocí también en esa época a Manel Masià, implicado ilustre, el hombre de Les Terres de l'Ebre, indepe, tranquilo y con muy buen criterio. Su socio, Berna, es un director de arte espectacular.

Siguen en el Banc profesionales tan interesantes como Miquel Altarriba, Montse Pomarol, Pere Pujadó o Ramon Guardia y lamentamos mucho la pérdida de Antoni San Salvadó.

Los vínculos con Laia fueron muy potentes, muy sólidos, amistad en estado puro.

Hace dos años me comunicó que Gumer tenía cáncer. Se lo tomaron con gran actitud, positivismo y ganas de luchar.

Pareció que tuvieron el tema controlado durante algún tiempo, se encontraba mejor, recuperaba.

Luego altibajos, tobogán y montaña rusa... 

...hasta que ayer me llamó Belén para comunicarme la noticia.

Sentí cómo una estructura se desmontaba. El hombre de los sueños inmensos se había dormido para siempre.

No he visto a Laia pero sé que se ha roto. En mil pedazos.

Yo he llorado a mares, pero ella ha llorado los cinco océanos.

Pero también sé que poco a poco, con el tiempo, volverá a recuperar su gran virtud y su gran valor: la pasión.

Poco a poco, el armazón de hierro pasará a ser de metacrilato y luego transparente, como es ella.

Intentaré ser fuerte y mantener los hombros a punto.

Pero también seré yo. Y me derrumbaré por momentos. No pienso interpretar ningún papel.

Se ha ido un artista singular, inusual, especial.

Nos ha dejado un legado impresionante.

Y un mensaje: se puede hacer magia con el corazón.




Gracias, Gumer.

















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