miércoles, 24 de febrero de 2016

Un elogio por cada 100 reproches, una sociedad singular (2.0).




Nuestra sociedad sigue empeñada en buscar siempre los defectos, los errores, los puntos débiles, lo que no funciona, las imperfecciones, la crítica destructiva.

Tanto es así, que muchas de las palabras que deberíamos pronunciar las damos por supuestas. Antes de verbalizar un elogio, preferimos callar.

No seré yo quien diga que nunca se equivoca, teniendo en cuenta que la frase que mueve mi vida es "quiero aprender", pero estoy un poco cansado y un poco harto de que haya tanta gente dispuesta a desmontar a los/as demás. 

Más de una vez y más de dos, he visto criticar con sumo placer y pasión, disfrutando el momento, poniendo toda la carne en el asador. Lo practican ese tipo de personas que antes de elogiar hablan de suerte, casualidad o coincidencia.

Creo que cuando alguien lo hace bien, merece una felicitación, no ese silencio habitual ni esa indiferencia cotidiana.

Me encanta el nuevo anuncio de Audi "llamémosle amor" , me gustan mucho las tender stories de Tous o las campañas de "no tenemos sueños baratos" y por supuesto que voy a decir a sus autores que me parece un gran trabajo.

Me parece muy triste que cuando alguien te elogia o te dice una palabra bonita, te cause una enorme sorpresa, por lo poco habitual, y hasta te plantees si esa persona tiene alguna intención oculta.

Tengo muy claro que no me voy a apuntar a la fiesta del desprestigio barato ni al baile de desmontar mitos ni a la celebración de los mediocres, que superan su frustración dejando verdes a los demás.

Tengo muy claro que voy a cuidar al máximo a mis equipos, con respeto, con la exigencia profesional que las circunstancias requieren, pero sin minar su moral, su dignidad ni su autoestima.

Voy a felicitar sinceramente a los/as colegas con los/as tenga relación si creo que han hecho una campaña, un libro, un post o una foto interesante.

Que consideremos normal expresar un elogio por cada 100 reproches es un síntoma de una sociedad desencantada, deshumanizada y descafeinada, que solo vibra cuando su equipo gana un partido de fútbol, cuando bebe alcohol o cuando se compra un capricho en las rebajas.

La misma sociedad que mira como locos/as a los/as pasionales/es, a los/as que rompen normas, a los/as que salen de la zona de confort, a los/as que intentan innovar o aportar algo nuevo al discurso de la comunicación.

Quien dice "no hace falta que diga que la quiero, ya lo sabe"o "un buen profesional no necesita escuchar que lo hace bien", practica un pensamiento medieval en el que la creatividad y las emociones han desaparecido del escenario.

Soy imperfecto y me equivoco un montón, pero no me paso el día buscando los defectos a los demás.

Ni reprochando los errores.

Prefiero mirar y admirar a muchas de las maravillosas personas con las que tengo la suerte de conversar.











Fotos : Anna Moliner en acción, con David Olivares de Polònia /Crackovia (foto de Sandra Escudero "sky"). 

1 comentario:

  1. En esta sociedad deshumanizada, como bien dices, faltan más personas, personitas como tú Richard. No dejes nunca de ser quien eres porque eres único e irrepetible.

    PD: Me ha encantado el post.

    Sandra Sky.

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