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by carlos pueyo

martes, 4 de abril de 2017

Penalizar el error o aprender de los errores.







http://youtu.be/uqIFYv1_yHI

(David Gray, please forgive me)


"la única persona que no se equivoca es la que nunca hace nada" (Goethe).



Desde la escuela hasta la universidad, pasando por el mundo laboral y la vida personal, nos hemos convertido en castigadores del error. No perdonamos ni uno. Cuando Messi no marca goles, está acabado, cuando Nadal se lesiona, es el fin de su carrera, cuando Pau Gasol no destaca es porque ya no es el que era,  cuando un estudiante se equivoca, está señalado, cuando las circunstancias te llevan a un terreno difícil, no te puedes levantar.

Desde muy pequeños, crecemos con miedo a equivocarnos, aprendemos a medir las distancias y empezamos a esconder nuestro lado más creativo y especial. La escuela pretende enseñar con métodos desfasados, con copias, con láminas para colorear y castigos sin patio.

Algunas facultades están más pendientes de coleccionar trabajos que de aportar experiencias útiles. En el trabajo, penalizamos la libertad de expresión, la discrepancia con los jefes, el carácter divertido, el atrevimiento y el riesgo.

Si una persona ha estado en prisión, ha bebido, se ha drogado o ha sido víctima de la ludopatía, queda marcada para siempre. Para nosotros/as no existe volver a empezar, ni la redención, ni el esfuerzo por no volver a caer en las mismas trampas.

No estoy de acuerdo. El talento crece con paciencia, con motivación, con retos interesantes por resolver, con margen, con esas alas que nos empeñamos en cortar. Si a alguien no le ha ido bien en su relación personal, nuestro morbo descubre motivos y razones para condenarlo/a.

Reconocer que te has equivocado se convierte en una especie de tormento, donde aparece el sudor frío, la piel enrojecida y el temblor de piernas.

Somos demasiado competitivos/as y en el fondo nos gusta que nuestros/as rivales caigan por el camino. Crucificaremos a Wikileaks, Gerard Piqué-Shakira y a quien haga falta.... pero los errores son una gran fuente de experiencia, permiten volverte a levantar y te hacen mejorar.

Puedes fastidiarla por ser impulsivo, por stress, por las circunstancias o por inmadurez. El camino es muy largo y eres capaz de intentarlo de nuevo.

En las aulas, resulta fundamental la actitud de profesores y alumnos/as de querer descubrir.

Xavi Daura de venga monjas era reservado y freak , pero también tenían muchas virtudes en el área del storytelling. Mireia Pujol era introvertida, pero explosiva con la cámara. Ahora es una realizadora top. Andrea Marroquín era algo alocada, pero ya ha ganado tres Emmy. Laia Costa parecía descentrada y ahora es una actriz de primer  nivel.

Siempre me ha fascinado mirar con ojos de talento en construcción y no con ojos de crítica destructiva. Más allá de los errores, las personas pueden mejorar y demostrarnos que estamos equivocados. No hagamos leña del árbol caído. Muchos de los grandes inventos de la humanidad se crearon cometiendo errores iniciales.

El miedo mata la creatividad.

El miedo a equivocarte pinta barreras, murallas, fronteras y paredes en tu cerebro.

El miedo al error hace que des dos pasos hacia atrás y te quedes en esa zona cómoda que no molesta a nadie y en la que nadie avanza.

Si Leonardo, Steve Jobs, Julio Verne, Steven Spielberg, Diane Arbus o Annie Leibovitz hubieran crecido con miedo, nunca tendríamos referentes ni inspiradores ni locos/as en quien reflejarnos.

Ahora bien, en el mundo de la comunicación no podemos olvidar que trabajamos para conseguir unos objetivos y para persuadir a unos públicos concretos.

Sorprender no consiste en hacer cualquier cosa loca y sin cimientos.

Si una persona va a comprar un jamón y le dan una docena de huevos, sin justificación, se marchará enfadada.

En publicidad cada frase, cada palabra, cada decisión cuenta. Improvisar no es una buena idea.

Creatividad sin estrategia es arte. Creatividad con estrategia es publicidad.



"Totalmente de acuerdo con la valoración sobre el error. Ahora sólo añadir que para valorar desde una perspectiva positiva, de oportunidad y cambio, hay que tener la capacidad de ser solidario. Solidario/a, primero con uno mismo, pero sin duda con los demás, poder poner en práctica la empatía con nuestra propia experiencia y con la de los demás. Demostrar que estás ahí y entiendes lo que pasa, es suficiente para empezar." (Nuria Mora).