viernes, 31 de mayo de 2013

Los cines se van a la mierda (Blade Runner remix 2014)




Las sillas rojas y cómodas, el olor a ambientador y el toque de terciopelo. La suave moqueta, la posición relajada, la oscuridad rota por el haz de luz del proyector y la gran pantalla. Las palomitas, la bebida, las palabras previas. La magia del espectáculo, con buena definición, colores intensos, adecuado contraste y sonido dolby digital. El misterio de descubrir si has acertado y la película vale la pena.

Los anuncios, el hilo musical, el tipo que te tapa la visión, los gritos en una secuencia de terror, la sensación de meterte dentro de la acción, el inoportuno deseo de visitar el baño.

Los besos, las caricias, los calentones, los pies descalzos, las manos juguetonas. Dos horas fascinantes, una sensación especial, un paréntesis donde hasta los títulos de crédito interesan. La conversación posterior, la valoración del guión, los actores, la música, la escenografía y la dirección de foto. Ir al cine es mucho más que un pasatiempo. Es un ritual, una liturgia, un proceso que forma parte de tus experiencias más intensas.

Mi hermano Steven y yo, teníamos la costumbre de "colarnos" en películas para mayores de 14 años. El con 12 y yo con 11, empezamos a frecuentar el cine ABC, en la calle Balmes de Barcelona. Nuestro "estreno" fue espectacular: El Exorcista. Me pasé un mes sin dormir y mirando por detrás de las puertas por el interior de los armarios y debajo de la cama.

Otro día, viendo Marco Antonio y Cleopatra, se escuchó una potente voz femenina con acento argentino diciendo: diog míoooo que roshoooo!!! y acto seguido 50 personas abandonaron la sala. Años más tarde fue memorable "el motín" del público en la sala Comedia,  ante los fallos de sonido de Poltergeist. Una multitud rodeó al acomodador y minutos más tarde reclamó el importe de la entrada a la asustada taquillera.

Recuerdo que me impresionó especialmente Alien, por su suspense sostenido y el día que el cine Bosque estrenó ET y el patio de butacas se convirtió en un valle de lágrimas. Hace poco cerró el cine Urgel, lugar de encuentro de los publicitarios para ver los spots premiados en Cannes durante muchos años. Hoy han caído los Lauren Gracia. Antes cayeron el Montecarlo, el Nápoles, el Niza, el Capitol, El Palacio del Cinema, el Arkadín, el Arcadia...  inevitablemente me viene a la memoria la imagen de Cinema Paradiso, cuando derriban el cine del pueblo y sus habitantes lloran desconsoladamente.

La más reciente pantalla en peligro de muerte en Barcelona es la mítica sala Maldá. Desde 1945 ha sido un referente cultural, donde se han estrenado películas innovadoras, se han organizado ciclos culturales y muchas aficionados/as han encontrado ese lugar especial donde disfrutar del cine. Xavi y Natalia se han comportado como auténticos héroes para evitar el cierre. Por eso, desde el blog os digo que en WR Storytelling estamos dispuestos a ayudaros creando una comunicación creativa y atrevida.***

En el último año han cerrado más de 150 pantallas en España. Se han producido 3.500 despidos. La facturación ha caído un 40%. A algún "iluminado", se le ocurrió subir el IVA al 21%. Los precios de las entradas rondan los 6-8 euros. Si la película es en 3D, 10 euros.

En plena recesión económica, la pantalla de plasma de casa parece más conveniente. Que una familia de 4 personas pague 50 euros un fin de semana, ya no es algo que se pueda repetir con frecuencia. Y menos con palomitas. Es absolutamente necesario replantear el IVA y el precio de las localidades si no queremos matar a una industria que tanto nos inspira, nos emociona y nos conmueve.

Si finalmente tenemos que ver "el señor de los anillos", "avatar", "the artist", "intocable", elisa k, pa negre, lo imposible, chico y rita, el gran torino, searching for sugar man u otros films de calidad en el ordenador o en la tele, qué remedio. Pero no será lo mismo. Será como degustar un plato delicioso sin olor y sin sabor...

...en el imperio de las preferentes, de los casos Noós, Gurtel, de los corruptos con nombre y apellidos, en un lugar donde se recorta la ley de dependencia, la sanidad, la educación, la cultura y lo que haga falta, los cines parecerán pronto un vestigio apolillado del pasado.

Admiro a esos cientos de profesionales que tiran adelante cortos, documentales y películas peleando hasta el último euro de la producción. Les sobra talento, pero les falta apoyo, apenas tienen subvenciones y si seguimos así, pronto se quedarán sin salas de exhibición.

La magia del cine necesita precios más asequibles, un iva reducido, más dinero para filmar, incentivos para atraer al público... aún así siempre surgen proyectos fantásticos creados con un presupuesto super low cost que impedirán que el séptimo arte se muera. Al menos, eso espero.




"...mantenir el Cinema Maldà obert implica una infinitat de despeses. Els drets de les distribuïdores, el lloguer, l'aigua, l'assegurança, el manteniment, les factures astronòmiques de més de 2000€ de llum cada mes, les reparacions...Els únics que podem deixar de pagar (o com a mínim seguirant venint encara que se'ls pagui amb retràs) som nosaltres, els treballadors, perquè el cinema és la nostra vida i farem el possible perquè no s'ensorri. Però tot té un límit...i aquesta sensació de viure amb l'aigua al coll constantment afecta a la salut física i mental, i genera una angoixa esgotadora.

Ara que ens trobem en un context en que tota l'estructura comercial i cultural del barri està desapareixent, el Cinema Maldà és un dels últims baluards que segueix en peu al barri gòtic. Seria una llàstima que la sala de pantalla única més antiga de barcelona (inaugurada el 4 de desembre de 1945) també desaparegués..."


(publicado en la newsletter de Cinemes Maldà).




2 comentarios:

  1. Només dos parrales: ¡cuánta razón! (:

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  2. Muchas gracias en nombre de todos los que luchamos cada día por el cine.

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