viernes, 18 de noviembre de 2011

Gente tóxica.




"las personas tóxicas son las que se dedican a contaminar su entorno de forma intencionada"

(richard wakefield).



Pedro, 38 años, 1,74, 83 kilos, es una de esas personas cuya misión en la vida es complicar la existencia a los demás. Con una extraña predilección por el naranja y las botas de cowboy, se caracteriza por ir siempre a la contra. Conocido con los apodos de el torpedo, el submarino, el bombardero, el frustrado o el contaminador, es una auténtico detector de fallos, obseso de las normas, los reglamentos y las leyes. Fan de la burocracia, el protocolo, el papeleo y las apariencias. Enemigo acérrimo de la iniciativa, la creatividad, la innovación o la experimentación.

Trabaja en las oficinas de un anunciante de alimentación. En su despacho gris, sin fotos ni cuadros, solo hay alusiones a proyectos propios, a ensalzar su "yo", ni una sola mención al éxitos del equipo. Eso si, ha conseguido que todo el mundo le tenga miedo, que sea muy caro despedirle y que, gracias a su secretismo y a no compartir información, solo él sepa como ha manejado su departamento durante los últimos diez años.

Sus críticas son hirientes, cínicas, ácidas, desproporcionadas, con un fuerte sabor a rabia y envidia. Te puede apuñalar en cualquier momento, si te pilla despistado y con la guardia baja. Cualquier proyecto que no pasa por sus manos es criticado sin piedad. Se vanagloria de hablar claro y decir las cosas a la cara, pero su falta de clase y su tono desproporcionado saca a la gente de sus casillas. Si él fuera el director general, despediría a la mitad de la plantilla e impondría la ley marcial. Está convencido de que en su empresa falta talento y sobran vagos.

Curiosamente, se cree atractivo, seductor e irresistible, así que puede cambiar de actitud si una chica guapa se le acerca. Suele dejar el coche mal aparcado (en la foto) y comentar: "no tienen huevos de multarme". Fuma dos cajas de Winston diarias, siempre tiene en el armario un botella de Chivas, lleva un Rólex de oro que compró en Londres (en el mercado negro), nunca jamás lleva bambas o playeras, luce pelo corto, peinado anticuado con gomina, chaquetas cruzadas.  

Frecuenta mucho los despachos de los jefes, a horas en las que nadie le ve, y vende su eficacia como nadie. Nunca ha puesto la mano en el fuego para defender a un compañero /a, ni tan siquiera a los que más han currado con él, mano a mano.

Aspira a tener un cargo más importante, más dinero, un coche más caro o más fama, pero le importa un pepino la amistad, el amor, las emociones o la ilusión, porque "son chorradas que no sirven para nada". Sus gustos personales son monotema. Solo existe un grupo de música (The Who),  un director de cine ( Spielberg), un escritor (Kafka), un fotógrafo (OlivieroToscani). 

A lo largo de mi trayectoria como publicitario he conocido al menos a diez individuos que responden a esta descripción. Por suerte, Pedro no conoce a los otros nueve, porque tal vez destruirían el planeta.

Convivir con ellos supone un auténtico curso de medir las distancias, las palabras, las decisiones y también de esconder algunas cartas. Es un aprendizaje difícil, lento y evolutivo. Te obliga a mirar de forma periférica, a vigilar, a cubrirte las espaldas. No te gusta actuar así,  pero finalmente reivindicas cosas en las que crees.

Lo tengo muy claro. Por muchos Pedro el malo que me encuentre, voy a seguir defendiendo la autenticidad, los valores, el romanticismo, los sueños, las palabras bonitas, la ternura, los detalles, la conversación, el equipo, la capacidad de compartir y la parte del ser humano que está más cerca del corazón. :). Aunque me cueste caro.

12 comentarios:

  1. GRACIAS RICHARD....GENIAL!!!!!

    Damaris.

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  2. Gracias por tus magníficos post, leerlos hace que ya quede menos para tener listo mi chaleco antibalas.

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  3. Ana Serrano Solsona:

    Me encantan las publicaciones de Mónica, Adriana y ahora esta, cuando lo acabo de leer me parece que ya les haya conocido a antes, el libro para cuando??? ;)

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  4. Wakefield : forever young. Envidiable y admirable.

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  5. Yo también conozco algunos Pedros, muy malos...


    Merçé Roura.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Lo que le pasa a Pedro el malo es que "sigue buscando" o quizás "paró de buscar". Como todos busca el porqué de su mundo, qué narices hace aquí y porqué debería de comportarse de otra manera. Pedro no es malo, sólo hace las cosas mal, como todos los demás (de vez en cuando o a diario). Pedro necesita despertar de su mal sueño (en gran parte provocado por él mismo, por supuesto). Pedro necesita lo que tú y yo creemos que es lo único que funciona: que le quieran insistentemente tal y como es, sin juzgarlo, sin esperar nada. Quizás Pedro, cambie, o no. Pero espero que la vida le dé el tiempo suficiente para poder hacerlo, porque es lo que nos merecemos todos; tiempo para dejar de ser esclavo de uno mismo (o quien sabe, igual de los demás). Tenemos derecho a fracasar a lo largo de toda nuestra vida, si esa es la condición para lograr el éxito (personal), aunque sea en el último minuto. No salvaremos a los demás, pero nos salvaremos a nosotros mismos. Sé que no suena justo, pero si lo piensas bien, no conocerás a nadie que no quiera salvarse a sí mismo

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  8. Eres demasiado bueno, Jones, algunas personas no merecen ser disculpadas.

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  9. Ro Moly:

    Me gusta, la entrada, no Pedro... ¬¬

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  10. No es disculpar, es comprender que todos podemos fallar y mil fracasos pueden ser la antesala del éxito. Si nosotros mismos nos creemos jueces de los demás... Estamos perdidos en el abismo de nuestro propio orgullo. Yo mismo soy un buen ejemplo de soberbia empedernida.

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  11. De eso nada Keco, tu eres un tipo genial. Todos podemos fallar pero hay personas que son "del lado oscuro", lo llevan dentro y no pueden ni quieren cambiar.

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