miércoles, 20 de julio de 2011

Cuando se para el tiempo.




Un inoportuno accidente, una inesperada enfermedad, una depresión, un desengaño amoroso, algo sorprendente y negativo, consigue que entres en un estado de bloqueo total, mientras las cosas se siguen moviendo a gran velocidad.

Tienes la sensación de que alguien ha puesto el cronómetro a cero. De repente, eres un observador inmóvil de la aceleración externa. Todo lo que para ti era fundamental, deja de serlo. Tu cuerpo no quiere correr y tu mente te invita a pensar. Reflexionas sobre lo iluso, superficial, precipitado y estúpido que has sido.

Ahora te fijas más en quién te acompaña. Te fijas en sus ojos, sus gestos, sus manos, sus palabras y su cariño. Personas fieles que siempre estuvieron allí, pero que no supiste valorar. El tiempo deja de ser importante. El reloj ya no manda. Casi todo puede esperar. Tus pasos son más lentos. Tus frases expresan mejor lo que sientes. Descubres tu lado sentimental. Aparece la melancolía. Se cuelan los recuerdos. Se abre la puerta de la conversación.

La velocidad se convierte en un factor anecdótico. Miras al sol con agradecimiento, descubres la magia de la luna, el color de la fruta, el olor a pan recién hecho, las fragancias perdidas. Valoras los detalles como nunca. Vuelves a disfrutar de tu whisky con hielo, de ese concierto en DVD, de una lectura escogida o, simplemente, de dormir un poco más de lo normal.

Algo ha cambiado. Ha nacido otra persona desde el interior de ti mismo. Eres tú pero ya no eres tú. Se ha traspapelado tu escala de valores. Necesitas caricias, afecto, apoyo y motivación. Los expedientes ya no son lo más importante de tu vida. Batir el récord de gestiones en una jornada, no es un objetivo.

Te has des-acelerado por obligación, te has parado sin querer, has entrado en una terapia alternativa. Sabes que tienes una segunda oportunidad, sabes que hoy es el principio del resto de tu vida, sabes que estabas en la espiral equivocada. Tu lado divertido, cínico, desenfadado y espontáneo, aparece por la ventana principal, con ganas de quedarse.

El escenario es especial, intrigante y misterioso. Te sientes diferente. Y muchas, muchas personas se alegran de volverte a conocer.




Dedicado a Josep Manel.




foto: laia ariño.

11 comentarios:

  1. "Richard Wakefield, De todos tus posts éste es que mejor describe situaciones inesperadas, que marcan a las personas... con todo lo bueno y lo malo. Esencialmente es sublime, descriptivo... y por que no... seguramente el mejor entre todos los mejores de tus posts. Te felicito personalmente. Esther Pedrosa"

    ResponderEliminar
  2. Montse Meja Lopez:

    Genial !!!!

    ResponderEliminar
  3. Richard, he viscut aquesta sensació i hi ha moments que sento que he de dir stop tornem a començar havent repensat les coses.

    Molt bon post!

    ResponderEliminar
  4. Un texto intenso, emocionante y casi perfecto.

    ResponderEliminar
  5. tziar Tros de Ilarduya:

    Con cada entrada, das más motivos para seguir tu blog. Buenas reflexiones, como siempre! Un abrazo Richard

    ResponderEliminar
  6. "Somos seres deseantes (siento ponerme freudiano a estas horas) y, como tales, nunca tenemos suficiente... hasta que creemos haberlo perdido todo. Después, vuelta a empezar.


    Jsesús Orbea Mira.

    ResponderEliminar
  7. M'ha anat impactant conforme l'anava llegint. Anava pensant que estaves parlant de mi fins que he arribat al final. M'has fet plorar.
    Una abraçada
    JM

    ResponderEliminar
  8. JM, gràcies a tú per inspirar-me i per ajudar-me tots aquests anys :)

    ResponderEliminar
  9. Imposible expresar más en 23 líneas. Impresionante.

    ResponderEliminar
  10. Richard, llevas un mes castigando a tus lectores sin nuevos posts... escribe ya !!!

    ResponderEliminar