martes, 24 de mayo de 2011

Lo importante no es solo llegar, sino disfrutar del trayecto (extended 2016).



Foto : Sergi Wakefield.


Puedes hacer un largo trayecto caminando, en autocar, tren, avión, barco o coche que resulte tedioso, aburrido y extenuante o el mismo viaje lleno de alicientes y experiencias interesantes por el camino.

Nos obsesionamos con el resultado final, con la meta, el cargo, el dinero, la ambición o las necesidades cubiertas y nos olvidamos del apasionante trayecto que la vida nos puede deparar.

Iniciamos un curso con la obsesión de acabarlo, una carrera laboral con el objetivo de dirigir, un matrimonio con la finalidad de cumplir con lo que toca o una cuenta corriente con la esperanza de añadir cada vez más ceros.

Parece que no nos interese el recorrido, la carretera, las vías, las nubes o el mar, lo que las personas están dispuestas a enseñarnos, compartir vivencias y descubrir alicientes.

En un año académico, mas allá de las notas, encuentras sorpresas, días especiales, invitados interesantes, lugares distintos, ejemplos nuevos, conversaciones, preguntas, opiniones, creatividad, misterio y motivación.

Cuando me implico en una campaña de comunicación, por supuesto que deseo que salga muy bien, pero también sé que la pre-producción, las reuniones, la búsqueda de información y las presentaciones, aportarán riqueza mental y emocional a mi trabajo.

Del mismo modo que no te vas a New York pensando en el día de la vuelta, nuestra línea de la carretera debería ir aportando fotos, recuerdos, personas, amores, sueños, momentos y detalles que se archivan en el disco duro y nos ayudan a mejorar.






Nuestro ritmo acelerado y muchas veces indiferente, nos impide ser conscientes del sendero, de lo extraordinario, de la cultura, la historia, los lugares, los locales, los colores y los olores.

Creo que es un error caminar con la cabeza agachada, sin levantar la mirada, pararse a pensar o disfrutar de los seres queridos. Eric Abidal decidió vender sus coches porque no necesitaba tantos. Tuvo que padecer un cáncer para darse cuenta.

No tiene precio estar bien acompañado, disfrutar de cada día, practicar el carpe diem, dar valor a lo que te pasa. Si llegas y aún te sobra gasolina, inicia una nueva ruta dispuesto a aprender, porque nunca se llega del todo y nunca se consigue ser el mejor.

Mantener la esencia es la clave para no tirar la toalla y renunciar. Siempre y cuando el entorno, las circunstancias y la situación no sean especialmente graves y desalentadoras.

Puedes cruzar la meta final con la sensación de estar en una estación vacía, gris y abandonada o con la ilusión del que encuentra cada día nuevas paradas.

Y si el camino te depara momentos duros, agárrate con fuerza a los árboles: tus amigos, tu familia, la gente que te quiere.

Aunque de vez en cuando necesites la soledad, los trayectos son más bonitos si estás acompañado.

Atrapa los momentos dulces, respira hondo, disfruta del paisaje y de la compañía, no te obsesiones con la meta, porque llegarás mucho mejor y más en forma si has aprovechado con intensidad los momentos del recorrido.








7 comentarios:

  1. Este texto debería estar pegado al espejo, para que al levantarnos cada mañana no se nos olvidara disfrutar de los trayectos que nos esperan a lo largo del día. Seguro que en muchas ocasiones nos saltamos paradas y damos la espalda a viajeros sin darnos cuenta, arrastrados por esta acelerada sociedad.
    Un saludo ;)

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  2. Magnífica reflexión y magistral tema! me encanta. Un abrazo.

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  3. El camino está lleno de momentos interesantes a los que no prestamos atención.

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  4. Lo voy a leer cada día, antes de salir de casa.

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  5. Muy buena reflexión, esto es la filosofía de la vida.

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