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by carlos pueyo

jueves, 19 de mayo de 2011

Directivos de manual.






He visto el fenómeno muchas veces. Personas que okupan un cargo directivo y se olvidan de mejorar, aprender, evolucionar, descubrir, experimentar... se dedican a vivir bien porque consideran que ya han currado bastante. Van a medio gas, llenan la agenda de citas intrascendentes, hacen gestiones que nadie sabe en qué consisten. 

Okupan un puesto de trabajo de forma física, pero mentalmente ya se han retirado... aunque solo tengan 40 años. Practican el negativismo, la crítica envidiosa y destructiva, se ríen de la ilusión y putean a los más jóvenes.

Son profesionales de la supervivencia, en un estado personal gris, enganchados a las comilonas, el tabaco y vaya usted a saber... tienen una habitación reservada en el hotel apalanque, ese que cada día es igual, ese que no propone actividades, ni investigaciones, ni nada de nada.

Para ellos no existen los cursos de formación, no existen los workshops, los seminarios, los congresos... para qué? llegan a su cuarto como los elefantes a su cementerio y les da igual, porque pasan de todo. Esta es una clasificación temática :

El directivo justificante. Es un personaje que necesita demostrar cada día que su puesto tiene sentido. Mueve, cambia, se reúne, entra, sale, parece muy activo... pero no busca la perfección, ni siquiera la eficacia, sólo justificar su cargo. Se siente juzgado en todo momento, es muy conservador, intenta asegurar cualquier decisión y contentar a quien tiene un mando superior.

El directivo miedoso, ha eliminado de su vocabulario las palabras riesgo e innovación. Huye de lo nuevo, de las tendencias y de la vanguardia. Se empeña tanto en dar pasos seguros, que consigue llevar sus  decisiones a un territorio, gris, antiguo y desfasado.

El directivo intrigante. Prefiere rodearse de mediocres para que no le lleven la contraria y mataría para salvar su pellejo o vendería a su mejor amigo. Una vez entra en su despacho, es muy peligroso. Escondido bajo una sospechosa sonrisa, monta intrigas por la espalda, en la más pura línea de Los Tudor o Los Borgia. Se compara continuamente con sus compañeros, por si detecta algún peligro, y le incomoda que existan cosas como la creatividad, el talento, la pasión o la ilusión.

El directivo normativo. Es un adicto de eliminar cualquier cosa que no pase por el filtro de ser políticamente correcto. Tiene una interminable lista de normas, protocolos y procesos que todos/as deben cumplir, por absurdos que sean. Crea reglas porque es inseguro y tener iniciativa o proactividad no está entre sus planes. Tampoco que sus compañeros/as propongan cosas.

El directivo propietario. Cree que al contratarte lo ha comprado todo. Tu tiempo libre, tu tiempo para la familia, tu dignidad, tu ética, tus valores. Es el tipo que siempre dice "o estás conmigo o estás contra mi". Curiosamente, te exige muchísimo y no se ha reciclado lo más mínimo en los últimos diez años. Pega broncas, amenaza y grita. Así se nota que manda.

El directivo que se mitra el ombligo. Ha olvidado que existe un equipo, puesto que siempre piensa en su beneficio individual. No toma decisiones por el bien del grupo, sino por su propio interés. La palabra solidaridad se borró de su vida hace años, así como la generosidad y el altruismo.


Creo que soy mucho más feliz con mis equipos de trabajo, con personas de verdad, que hacen propuestas interesantes y tienen ganas de aprender. Creo que necesitan palabras de aliento y de motivación de vez en cuando, no solo críticas y reproches. Valoro su trabajo, les respeto, les escucho e intento que se sientan parte de un proyecto.

Es falsa la afirmación de que las personas rinden más bajo presión. Rinden más si sienten ilusión por lo que hacen. Si crecen contigo. Si aceptas que siempre se puede aprender algo nuevo.


No quiero Okupar un puesto, quiero intentar ser mejor cada día.



2 comentarios:

  1. "rodearse de mediocres para que nos les lleven la contraria", que bona!!

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