lunes, 14 de noviembre de 2016

La verdad sobre los festivales y los premios.








Ganar premios es uno de tus grandes alicientes cuando estudias en la facultad. Te imaginas un escenario cool, miles de personas aplaudiendo, tu cara sonriente y unas breves palabras de agradecimiento. Cannes, El Sol, New York, Laus... cincuenta opciones anuales para lanzarte al estrellato... hasta que entiendes algunas cosas.

En primer lugar, los trofeos se los queda la agencia. Van a sus vitrinas, no a las tuyas. No hay dotación económica. Te lo pones en el curriculum, pero sabes que 24 personas más han participado en la campaña, por lo tanto el galardón no es tuyo sino nuestro.

Hay algunas circunstancias que influyen en que hagas realidad tu sueño. Participar en los festivales es una inversión, hay que pagar previamente y tu empresa decide cuántos anuncios presenta... tal vez decida no hacerlo.

Si trabajas en una oficina en Alicante, Salamanca, Palma de Mallorca, La Coruña o Pamplona, que hacen un gran trabajo, tus opciones son mínimas, porque los premios los ganan normalmente los clientes grandes y las multinacionales. Salvo honrosas excepciones como Germinal (Murcia) o Dimensión (San Sebastián).

No, no todo el mundo tiene las mismas oportunidades. Los Grammy, los Oscar, los MTV o el Planeta, son negocios montados para conseguir pasta. No vencen siempre los mejores. Una agencia desconocida de Sevilla tiene muy pocas posibilidades frente a una grande de Barcelona o Madrid. Un disco con pocas ventas y reproducciones no puede ganar. Una película con una taquilla pequeña no tiene nada que hacer. Un escritor desconocido lo tiene negro en un gran certamen literario.

La industria suele premiar a quienes proporcionan más ventas y más negocio.




Un proyecto independiente no se puede permitir tener a 20 personas creando 60 "truchos" para presentarlos durante mayo y junio.

Un festival recibe sugerencias, presiones, subvenciones, influencias, siempre estará en su ánimo quedar bien con quien pueda retro-alimentarse en un futuro. Está pensado para ganar dinero. Así de claro (no todos, algunos premios otorgados por universidades o asociaciones tienen a la divulgación del conocimiento como fin último)

Con esto no quiero quitar mérito a las campañas que hacen cada día agencias como Shackleton, SCPF, Sra Rushmore, Mc Cann, DDB, China o Tiempo BBDO. Admiro profundamente a estos equipos. Merecen los galardones que han obtenido.

La industria alimenta a la industria. Ennio Morricone no obtuvo su Oscar hasta los 80 años, pero es el mejor. Lou Reed o David Bowie no fueron superventas, ni acumularon Grammys, pero son grandes.

Publicitarios implicados tiene nulas posibilidades de ganar en Cannes, El Sol o New York, ni tan siquiera en premios "medianos", porque "compite" contra Greenpeace, Cruz Roja, la marathon de TV3 o Médicos Sin Fronteras. Campañas con un gran presupuesto que se comparan con proyectos de presupuesto cero.

Para nosotros, el premio es la admiración de muchas personas de nuestro sector y la eficacia con la que hemos resuelto nuestros retos.

Cuando entiendes el negocio, sabes que vale más el prestigio que la fama puntual. La trayectoria brillante frente a dos años explosivos. Comprendes que los premios son un valor añadido, no un objetivo.

Lo importante, lo difícil, es resolver bien las campañas y ser capaz de ser inédito o inusual durante años y años. Tal vez, incluso, nunca consigas un trofeo, pero si hay personas dispuestas a contratarte es que lo haces bien.

Lo importante es que te apasione pensar campañas.

Ganar premios es una recompensa y un valor añadido, pero no debería ser el objetivo prioritario.

No pasa nada si no eres famoso/a, es mejor que te respeten. Si para llevarte a casa un león o un sol,  renuncias a tener tiempo libre, una familia o desarrollar aficiones, si ese premio te cuesta noches sin dormir, contracturas, stress, un infarto o mala salud, tal vez sería mejor volcar tu energía en la calidad de vida.

Invierte tiempo en intentar mejorar y estar en forma y si además te dan recompensas por el camino, celébralo a lo grande... por supuesto que vencer en una competición importante es una alegría inmensa, una motivación, una inyección de adrenalina y un aliciente, pero tu recorrido publicitario no acaba en Cannes. Empieza cada día.









2 comentarios:

  1. Me parece un gran detalle valorar el trabajo de los que no están en Barcelona o Madrid.

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  2. Cuesta pillarlo pero es cierto, mejor prestigio que fama.

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