Me resulta difícil aceptar que uno de los grandes referentes de mi vida, Jose María Ricarte, ya no estará al otro lado del teléfono, en su casa de Barcelona o en su casa de verdad, la universidad. El fue la persona que me inoculó el virus de la creatividad y me convenció para descubrir la magia de la docencia. Me animó a buscar la idea diferente y a intentar ser siempre mejor. Me subió la autoestima, confió en mi, estuvo a mi lado. Perdonó mis errores y me dió márgen durante mis primeros años de profe, con 28 añitos, hasta que su paciencia me permitió aprender y madurar. Fue mi consultor particular sobre mi profesión, sobre mi universo y sobre mi vida. Fue el más valioso y desinteresado cómplice en miles de circunstancias. Nuestra confianza mutua llegó a un momento en el que no hacíamos preguntas, "si tu me lo pides, lo hago y punto", era nuestro pensamiento implícito. No tengo palabras para agradecer su voz en el camino, su serenidad en la reflexión y su pasión en la mirada. Su brillo, su estela, su ilusión, su reflejo, han iluminado a cientos de estudiantes que ahora son quienes son gracias a Ricarte. Si, hay muchas estrellas, de diferentes tamaños, dimensiones y colores. Pero algunas brillan más que otras. Maestro, lo sabes, te he querido y te he admirado con todo mi corazón. Nada será lo mismo sin ti.
Foto : su territorio natural, la universidad.
Las palabras que le dedicas son muy bonitas.
ResponderSuprimirSi, algunas estrellas brillan más que otras, y no dejarán nunca de brillar.
Besos
Está claro que Ricarte ha hecho escuela y tú eres una estrella también.
ResponderSuprimirMuchas gracias a los dos.
ResponderSuprimirWS precioso que alguien sea capaz de publicar esto en un blog.
ResponderSuprimirSin palabras, es un post inolvidable.
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